Los pueblos

El Valle Reyero está formado por cuatro pueblos: Pallide, Reyero, Viego y Primajas (ordenados de acuerdo a la distancia de cada uno de ellos a la carretera de entrada al valle).

Todo apunta a que los primeros pobladores del valle se asentaron en sendos Castros que hay en el centro del valle, obviamente por razones defensivas. Con el paso de los siglos aparecieron diversos asentamientos de población a lo largo y ancho del valle (San Felices, Valderriero, San Pelayo, Noanca, etc). A lo largo de la Edad Media, todos esos asentamientos dispersos confluyeron en los cuatro pueblos actuales.


Los pueblos del valle se asientan a distintas cotas y en distintas posiciones relativas de las montañas que rodean el valle influyendo algo en la cantidad de nieve que suele caer y mucho en la hora que sale y se pone el sol.

PuebloAltitud aproximada
Pallide1.150 m
Reyero1.150 m
Viego1.200 m
Primajas1.210 m

Cuando se entra en el valle desde la carretera del Embalse del Porma es el primer pueblo que se encuentra a unos 2 km. del cruce de la carretera del Embalse del Porma (LE-331)


Ana Suarez transcribió los recuerdos de su padre Víctor Suarez sobre las veceras en Pallide y nos proporcionó este magnífico documento:

Este texto describe el sistema de veceras en Pallide, un método tradicional de pastoreo comunitario basado en turnos rotatorios entre los vecinos. Los habitantes organizaban el cuidado de diversos animales, como vacas, ovejas y cabras, formando rebaños conjuntos para optimizar el tiempo y los recursos de la aldea. Cada hogar contribuía con pastores según la cantidad de ganado que poseía, siguiendo reglas estrictas supervisadas por la *Junta Vecinal. El relato detalla las rutas estacionales, las zonas de pasto y las costumbres específicas para cada especie animal. Finalmente, el autor reflexiona sobre cómo la *modernización y la emigración provocaron la desaparición de esta forma de colaboración rural.



Después de pasar Pallide se encuentra Reyero que está a unos 4,5 km del cruce de la carretera del Embalse del Porma (LE-331)


En la vertiente montañosa del noreste de la actual provincia de León, el territorio de Reyero forma parte de un espacio habitado desde antiguo. Antes de la llegada de Roma, estas tierras estaban ocupadas por los vadinienses, una de las tribus cántabras documentadas en inscripciones epigráficas.

Una de esas pruebas es una estela funeraria vadiniense, hallada en el pueblo y conservada hoy en el Museo de León, fechada aproximadamente entre los siglos I–III d.C. Este tipo de piezas confirma la presencia de población organizada en época prerromana y romana.

Durante la dominación romana (siglos I–V d.C.), el valle del Porma no fue un centro urbano destacado, pero sí un territorio transitado. La llamada fuente romana de Viego, cuya tipología constructiva remite a ese periodo, sugiere la continuidad de los poblamientos en el valle.


Las primeras referencias documentados sobre Reyero aparecen en los años 961, 962 y 984 como loco perteneciente al territorio de Noanca. Por esa época también hay documentos que se refieren a Riaro. Es previsible que entonces fueran dos pequeños asentamientos de población diferentes.

Este tipo de menciones suele aparecer en cartularios monásticos y documentos de donación vinculados al Reino de León, en un contexto de reorganización territorial tras la repoblación cristiana.

La importancia de Noanca no solo está documentada sino que permanece viva en la tradición oral del pueblo. La primera documentación sobre Noanca aparece en el año 895. A veces aparece referenciada como Noántica o Nuántega.

El territorio de Noanca limitaba al oeste con el territorio de Ferreras y al norte con el de Namo (Redipollos y Camposolillo). Es de los territorios que aparecen primero en la documentación. En un pleito del año 955 se menciona al juez Emiliano que lo era de los condes Pepi y Garvisón. Es previsible que estos condes fueran quienes gobernaban el territorio.

El territorio de Noanca incluia el actual ayuntamiento de Reyero, el antiguo ayuntamiento de Vegamián y parte del de Puebla de Lillo. Posteriormente el territorio de Noanca pasó a llamarse Peñamián. Hay documentos que sitúan en el territorio de Noanca poblados o terrenos con los siguientes nombres: SAN MARTÍN; BUSTOCINO; REYERO; ROIDO; SAN SALVADOR; PRIMAJAS, VILLA AUSCULTA; BUSTO DULODINI; VIEGO; VEGAMIÁN; FONTE ILALLE; PARDOMINO.

Asimismo, hay documentación escrita, tradición oral y pruebas arqueológicas de la existencia del Monasterio de Nuestra Señora de Noanca. Estaba situado en la vertiente sur del Castro que está al oeste del pueblo de Reyero. Formaba parte de los monasterios pertenecientes al poderoso monasterio de Sahagún. El último vestigio del monasterio fue la Ermita dedicada a Nuestra Señora de Noanca, que permaneció en pie hasta mediados del siglo XIX. Solo se conservó una imagen románica de la Virgen con el Niño, en cuyo pie figura la inscripción NOANCA, y que actualmente ocupa una pequeña capilla en la Iglesia Parroquial de San Andrés en el pueblo de Reyero.

Las fiestas patronales de Reyero se celebran el 15 de agosto. Día al que todos los vecinos del pueblo se refieren como «el día de Nuestra Señora».


Durante la Edad Moderna, Reyero queda integrado en estructuras administrativas tradicionales propias del Antiguo Régimen. Formaba parte del concejo de Redipollos, dentro de la jurisdicción leonesa.

Un documento clave para conocer la realidad del siglo XVIII es el Catastro de Ensenada, elaborado entre 1749 y 1756. En él aparecen referencias a localidades del entorno, donde se describen:

  • Economía basada en ganadería y agricultura de subsistencia
  • Existencia de tierras comunales
  • Organización vecinal en concejo abierto

Este tipo de documentación permite reconstruir con bastante precisión la vida cotidiana: número de vecinos, propiedades, cargas fiscales y recursos disponibles.


Un momento clave llega con la división territorial impulsada por Javier de Burgos en 1833, que establece las actuales provincias españolas. Desde entonces, Reyero queda integrado oficialmente en la provincia de León.

Posteriormente, el municipio se configura administrativamente con sus actuales entidades, en un proceso que se consolida a lo largo del siglo XIX. A pesar de estos cambios, la vida local mantiene durante décadas una continuidad basada en la economía tradicional.


Los datos demográficos reflejan con claridad la evolución reciente:

  • 1950: se mantiene una población rural estable
  • Desde 1960–1970: comienza el descenso acusado por emigración

Este fenómeno se inscribe dentro del éxodo rural español, que afecta especialmente a zonas de montaña. La mecanización del campo y la atracción de las ciudades provocan una pérdida progresiva de población.

A pesar de ello, Reyero mantiene su base económica en la ganadería de vacuno, especialmente orientada a carne.


Entre los nacidos en Reyero destaca Diego Abad de Santillán (1897–1983), figura relevante del pensamiento anarquista español y participante en los debates políticos de la Guerra Civil Española.

Su trayectoria conecta este pequeño núcleo rural con algunos de los grandes acontecimientos del siglo XX.


Saliendo de Reyero, a 1 km., se encuentra una bifurcación. Siguiendo la carretera de la izquierda se llega a Viego que está a unos 6 km del cruce de la carretera del Embalse del Porma (LE-331)


Situado en el corazón del valle Reyero, Viego es uno de los pueblos con mayor riqueza histórica de la montaña oriental leonesa. Su origen se remonta a la época romana, aunque la documentación medieval demuestra que fue una población consolidada desde hace casi un milenio. Su privilegiada situación, entre los valles del Porma y del Esla, convirtió a Viego en un importante lugar de paso para viajeros, ganaderos y comerciantes.

El propio nombre de Viego parece proceder de antiguas raíces célticas y prerromanas relacionadas con los términos BID o BED, que significaban «camino» o «cauce», reflejando la importancia que tuvo este territorio como lugar de tránsito desde tiempos muy antiguos.

La presencia romana quedó plasmada en uno de los elementos patrimoniales más valiosos del pueblo: su fuente romana, cuidadosamente restaurada y conservada, que constituye uno de los testimonios más visibles del paso del Imperio Romano por el valle Reyero.

La primera referencia escrita de Viego aparece en el año 1036, en el Documento 209 de la Catedral de León, donde se recoge una venta de tierras dentro del término del pueblo.

Durante varios siglos, Viego perteneció al Concejo y Señorío de Peñamián, bajo la jurisdicción del Obispado de León. Desde el pueblo partía uno de los caminos tradicionales que enlazaba con Valbuena del Roblo y la conocida Vereda de los Frailes, utilizada por los monjes de los monasterios de Sahagún y San Miguel de Escalada para acceder a los puertos de montaña y administrar las explotaciones ganaderas de su propiedad.

En 1583, los vecinos de Viego, junto con los del resto de las localidades que hoy forman el municipio de Reyero, reunieron los recursos necesarios para comprar su libertad jurisdiccional al obispo de León. Gracias a esta decisión pasaron a depender civilmente de la Jurisdicción de Redipollos, poniendo fin al antiguo señorío eclesiástico.

La historia de Viego siempre ha estado ligada a la ganadería. Su situación estratégica entre los valles del Porma y del Esla facilitó durante siglos el paso de los rebaños hacia los puertos de verano, convirtiendo al pueblo en un importante punto de comunicación entre ambas cuencas.

La trashumancia y la ganadería marcaron profundamente la vida de sus habitantes y configuraron un paisaje cultural que todavía hoy puede apreciarse en sus caminos, praderas y puertos de montaña.

El Censo de Floridablanca (1787) registraba 85 habitantes: 47 solteros, 36 casados y 2 viudos. También reflejaba la existencia de un cura, 36 hidalgos, 11 labradores de pan llevar y 8 vecinos pertenecientes a la Real Cabaña de Carreteros y ganaderos. En el censo de 1950 la población era de 72 habitantes.

Entre las personas nacidas en Viego que dejaron huella en la historia local figuran:

  • Pedro González Reyero
  • Antonio González Reyero
  • José González de la Sierra
  • Santiago González Orejas
  • Manuel Fernández de la Pedrilla
  • Francisco Alonso de Riero

Hoy Viego conserva el encanto de los pequeños pueblos de montaña, donde historia, naturaleza y tradición ganadera continúan formando parte de su identidad. Su fuente romana, sus antiguos caminos y el extraordinario paisaje que lo rodea constituyen un valioso patrimonio que mantiene vivo el legado de generaciones de vecinos.


Si en el cruce que hay después de Reyero se sigue por la carretera de la derecha se llega a Primajas que está a unos 7 km del cruce de la carretera del Embalse del Porma (LE-331)


Situado en las estribaciones del monte Pardomino, Primajas es uno de los pueblos que forman el Valle Reyero. Su reducido tamaño actual contrasta con la larga historia que atesora, documentada desde hace más de mil años.

El pueblo se encuentra en la confluencia de dos arroyos: uno desciende desde Pardomino y el otro desde la collada de Primajinas. La unión de ambos da origen al río Arianes, que continúa su recorrido hacia el valle.

El término de Primajas está formado por numerosos parajes de gran belleza y tradición, entre los que destacan:

  • La Mata del Rey
  • Pico Riondo
  • Monte Cotado
  • Collado de las Camperas
  • Pico Laceo
  • La Capellana
  • La Boría
  • Regamio
  • La Vega

Uno de los lugares más singulares es el camino de Primajinas, donde se encuentran las conocidas Hayas de la Humildad, un conjunto de hayas cuyas ramas crecen orientadas hacia el suelo, formando un paisaje realmente curioso.

Como recuerda un antiguo dicho de la montaña leonesa:

«Pardomino, verde monte; quien no te conozca, que te compre.»

Las primeras referencias documentales a Primajas aparecen en el siglo X.

En el año 929, doña Jimena donó al Monasterio de Sahagún las posesiones de Crémenes, Primajas y Collada Muertos.

Pocos años después, en 985, Ximena Muñiz donó al mismo monasterio sus posesiones en Primajas junto con las de otros pueblos del entorno.

Muchos siglos más tarde, en 1811, durante la Guerra de la Independencia, la presión fiscal obligó al concejo a vender parte de los terrenos comunales, entre ellos importantes fincas situadas en La Vega.

La iglesia parroquial, dedicada a los Santos Justo y Pastor, ocupa el lugar más elevado del pueblo.

Su arquitectura presenta una característica poco habitual en la montaña leonesa: carece de espadaña, situándose las campanas sobre los arcos del pórtico de entrada.

La tradición popular habla además de la existencia de un antiguo tesoro oculto relacionado con el templo, una de las leyendas que forman parte del patrimonio oral del pueblo.

Durante el siglo XVIII, Primajas destacó por aportar numerosos cargos públicos a la antigua Jurisdicción y Concejo de Peñamián.

Entre ellos figuran como alcaldes, jueces y regidores:

  • Francisco Alonso
  • Clemente Alonso
  • Juan Álvarez
  • Pedro Álvarez
  • Juan Martínez
  • Manuel Martínez
  • Antolín Martínez

La evolución demográfica refleja la historia de muchos pueblos de la montaña leonesa.

AñoPoblación
159516 vecinos
178672 habitantes
184982 habitantes
194069 habitantes
195043 habitantes
202613 habitantes

El censo de 1786, realizado bajo el reinado de Carlos III, recogía 72 habitantes distribuidos en 38 solteros, 32 casados y 2 viudos. Existían entonces quince vecinos, un cura, dieciséis hidalgos, diez labradores de pan llevar y seis personas dedicadas a la cabaña de ganado merino.

A mediados del siglo XIX, el célebre Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España, de Pascual Madoz, describía Primajas de la siguiente manera:

«Situado en terreno desigual, a la orilla de un arroyo que baja de los montes de su término; el clima es frío, pero sano. Tiene veinte casas, iglesia aneja de Viego, cementerio y buenas aguas potables. Produce centeno, algunas hortalizas y pastos. Cría ganado vacuno, lanar, cabrío y de cerda, además de abundante caza.»

La descripción refleja una economía basada en la agricultura de montaña y, sobre todo, en la ganadería, actividad que ha formado parte de la identidad del pueblo durante siglos.

Entre los elementos más representativos de Primajas destacan:

  • La iglesia parroquial de los Santos Justo y Pastor.
  • La singular disposición de sus campanas sobre el pórtico.
  • La copa concejil de plata.
  • La leyenda del tesoro oculto.
  • Las Hayas de la Humildad.
  • Los extensos montes comunales que durante siglos sustentaron la economía ganadera del pueblo.

Aunque hoy Primajas cuenta con apenas una docena de habitantes permanentes, continúa siendo un lugar profundamente ligado a la ganadería extensiva y a las tradiciones de la montaña leonesa. Sus vecinos mantienen vivo un patrimonio histórico y cultural que se remonta a más de mil años y que forma parte de la identidad del Valle Reyero.